La obra
Adele Bloch-Bauer I, de Gustav Klimt, se vendió en 135 millones de dólares al magnate de los cosméticos Ronald Lauder.
Klimt ahora lidera el ranking estúpido de "artistas más caros", tal vez contra su propia voluntad. Sin dudas que quienes se dedican a pintar o esculpir apuntan a poder vivir de su oficio. No está mal que existan mecenas que apoyen a los futuros voceros de las artes.
Pero esto ya es demasiado.
Si a Lauder tanto le importa el arte, pues que ponga una escuela con sus cientos de millones.
Porque tampoco aquí el beneficiado es el artista. Klimt, claro está, no cobrará bajo tierra un cheque ni mucho menos. Fue una de sus sobrinas la que decidió desprenderse de la obra, luego de que el gobierno de Austria (patria de Klimt) se negara a llegar a un acuerdo económico con ella.
Vivimos estos últimos días una burbuja en los cuadros similar a las
puntocom.
Recuerdo cuando se pagaban millonadas por espacios virtuales.
Hoy, la obscenidad mercantilista pasa por el arte. Claro que está mejor visto pagar por un cuadro que por un espacio online. Pero pagar por un cuadro de ningún modo es fomentar el arte.
Yo creo que Klimt, Picasso, Van Gogh y muchos otros cuyos cuadros son hoy tan cotizados, preferirían que las millonadas se inviertan en otros ámbitos. O si es que a los ricos les agarró intriga por el arte, entonces que dispongan ese dinero para la formación de nuevos talentos.
No es posible pensar en el futuro del arte mientras hay carencias en las bases de los pintores. Los artistas por quienes hoy se pagan barbaridades, hubiesen agradecido en su época un ínfimo porcentaje de estos números sólo para poder costear su arte.