17.12.06

Respeto ciudadano

1.
La muy puta paseaba su perro sin correa. Yo iba con mi perra atada, como corresponde. Y entonces, inexplicablemente y sin razón comprensible por un cerebro que no haya ingerido alguna vez Eukanuba, su can se lanzó sobre el mío. Fueron 10 segundos de puro frenesí perruno.
"Diez segundos, ¡Pero qué segundos!" Hubiera dicho mi abuela de haber estado presente.
Encima mi perra está mal de la pata, por lo que los saltos que dio junto con ese labrador de mierda no fueron beneficiosos en absoluto.

2.
"Alejo, vení", gritaba la imbécil. Y el perro claro, compenetradísimo en su jugueteada que iba y venía, ni bola a la dueña. Una dueña que, dicho sea de paso, sólo por cargar la cara de pelotuda que llevaba (y seguramente lleva aún) merecía ser golpeada hasta el hartazgo por algún justiciero. Tan boluda era (y es) que le puso a su perro "Alejo" como nombre. Aquí se que voy a perder lectores, pero perdón: Toda persona que le pone nombre de persona al perro es una idiota.

3.
A los que siguen leyendo, que calculo no tienen animales con nombres de persona o al menos no se sintieron ofendidos por el comentario anterior, prosigo contándoles los hechos. Después de los saltos, comencé a increpar a caradeboluda con todo mi ser, haciendo gala de mis derechos civiles al asegurar que "le faltaba el respeto a la sociedad al tener un perro sin correa al que no puede controlar". Cuando nos joden es el mejor momento para desempolvar la constitución. La gente que, como buenos porteños, se acercaba al evento, asentía a mis palabras, me aprobaba. Me sentía Perón.

4.
Pero la minaforra me dijo que no habia leyes que le impidieran salir con su perro sin correa, y que hacía lo que quería. Yo echaba fuego por los poros. "La cagaría a trompadas", pensaba.
Entonces le grité que cómo podía ser que la gente necesitara solo leyes para convivir. Ya me iba a la mierda con el discurso político, y una vieja pensaba que yo era un joven muy aplicado.

5.
Era cierto. ¿Si no tenemos leyes vale todo? "Si", me contestaron algunos amigos a los que les comenté la vivencia. "Solo las leyes impiden que matemos a alguien, no la convivencia". Tienen razón. Lo cierto es que no maté a imbécildemierda por temor a ir preso, no por preservar la sociedad civil.

9.12.06

La pareja del año

1
Conocí a Graciela Alfano y a Matías Alé. Ella es veinticinco años mayor que él. Lo primero que me sorprendió fue que la vedette tiene cara de alien. El plástico está más presente que la piel, y cada vez que sonríe uno tiene la sensación de que por algún lado algo va a estallar. Pero sus risas se multiplican y no explota nunca nada.

2
La Alfano y Alé están recién llegados de un viaje a Canadá. Fue una "exploración mística" con un gurú del autoayuda para sentirse mejores personas. A juzgar por los comentarios que no paran de realizar, fue una experiencia positiva. Siempre le tuve rechazo a quienes buscan la felicidad según los parámetros que algún presunto sabio indica. Pero se los ve conformes en su pseudo autodescubrimiento. Supongo que por eso me generan rechazo quienes buscan la felicidad según los parámetros de los presuntos sabios. No, nunca leí a Coelho o a Bucay. Soy demasiado prejuicioso.

3
Alé está en una pose constante de "poco me importa que me miren, en tanto me miren". Su cuerpo está más trabajado que el de su mujer desde hace siete años, y seguramente es más obsesivo respecto de su figura que ella. Pero ojo: a pesar del culto a la superficialidad que emanan, son buenas personas en el trato. Muy cordiales los dos. Sumamente correctos. No cabe duda de que hoy están felices.

4
Y sin embargo me caen mal. Me cae mal su discurso new age. Me cae mal que la gente tenga que viajar a Canadá para que le digan que para encontrar la felicidad deben buscar en su interior. Caigo en la cuenta de que me caen mal porque dentro de mi mente retorcida les tengo algo de envidia. No la encuentro, pero debe ser eso.
Tal vez yo mismo quisiera tener a mis 55 cara de alien.