Rock Star
La banda que lidera supo llenar Obras y ahora junta a un puñado de sus fans en el ciclo que realizan en La Trastienda. Miles de mujeres se le ofrecían, pero en la noche de ayer solo algunas responden a su pedido y bailan tímidamente. Creó himnos en los noventa y hoy, 2007, son esos temas los que levantan a la gente. Y sin embargo mantiene el aura de estrella.
Diego Frenkel mantiene el espíritu vivo. Es cierto que la gran mayoría se levanta de sus asientos cuando empieza a sonar ese riff imposible de dejar de tararear que introduce "Selva", pero él no se inmuta. Responde al pedido popular y lo sigue tocando con ganas (o al menos actúa esas ganas de un modo convincente). Pero no hay que confundir algo: si bien sus éxitos de los '90 son los más aclamados, las canciones que La Portuaria siguió produciendo son iguales de buenas o mejores. Tanto que el propio David Byrne grabó con ellos (ese tema bilingüe que asegura que ni Frenkel ni el ex Talking Heads le temen a la muerte).
Frenkel baila con su espasticidad, se pavonea, menea, patea con esas botas entre tejanas y metaleras, con esos pantalones que de no ser de jean serían calzas. Y Frenkel es definitivamente una estrella de rock. La Portuaria sigue el camino de los viejos Fitos o Calamaros, y le esquiva al concepto "Yo soy uno de ustedes pero con una guitarra en la mano" tan promocionado por algunas bandas vernáculas. No. Frenkel se pone la remera rosa, se sabe feo y se cree lindo, se peina y se despeina, hace gestos a la platea que lo viva en esta Trastienda que ojalá algún día vuelva a ser un Obras lleno.
Frenkel es un rock star. Quedan pocos.
Diego Frenkel mantiene el espíritu vivo. Es cierto que la gran mayoría se levanta de sus asientos cuando empieza a sonar ese riff imposible de dejar de tararear que introduce "Selva", pero él no se inmuta. Responde al pedido popular y lo sigue tocando con ganas (o al menos actúa esas ganas de un modo convincente). Pero no hay que confundir algo: si bien sus éxitos de los '90 son los más aclamados, las canciones que La Portuaria siguió produciendo son iguales de buenas o mejores. Tanto que el propio David Byrne grabó con ellos (ese tema bilingüe que asegura que ni Frenkel ni el ex Talking Heads le temen a la muerte).
Frenkel baila con su espasticidad, se pavonea, menea, patea con esas botas entre tejanas y metaleras, con esos pantalones que de no ser de jean serían calzas. Y Frenkel es definitivamente una estrella de rock. La Portuaria sigue el camino de los viejos Fitos o Calamaros, y le esquiva al concepto "Yo soy uno de ustedes pero con una guitarra en la mano" tan promocionado por algunas bandas vernáculas. No. Frenkel se pone la remera rosa, se sabe feo y se cree lindo, se peina y se despeina, hace gestos a la platea que lo viva en esta Trastienda que ojalá algún día vuelva a ser un Obras lleno.
Frenkel es un rock star. Quedan pocos.

