Nuevas viejas piedras
No puedo creer que tropecé otra vez. Me había jurado no volver a hacerlo. Será otro signo de mi inmadurez, no poder controlar los impulsos y arrojarse contra el pequeño "uno" que se planta sobre el hombro izquierdo (al menos para mí va al izquierdo) y dice: "¡No lo hagas! ¡Te vas a arrepentir!".
Yo ya he podido controlar la inyección consumista que comienza su carrera a la altura del pulmón y asciende de forma acelerada hasta estacionarse en la parte posterior izquierda del cerebro para controlar el movimiento de la mano derecha desde la cintura hasta el bolsillo posterior del pantalón para tomar la billetera y comprar la Revista Noticias porque su tapa "tienta". No lo hago más. A menos que sea yo el que esté en la tapa, nunca más volveré a comprar esa mentira. Pero no basta con controlar UN intercambio comercial. No.
Como decía, me había prometido no volver a adquirirlo. Pero el título kantiano sobre un tema al cual soy adicto (la comida) pudo más. Además, hacían ya muchos meses que no tranzaba con ellos y, a pesar de conocer la mediocridad (son mediocres sobre todo porque con el poder de presión y económico que tienen bien podrían hacer un producto interesante), me mentí: "Tal vez mejoraron en este tiempo". Obvio que no. Pero uno se miente para luego echarle la culpa al "uno" del hombro derecho y recriminarle viste, te dije que no iban a cambiar.
Y fui disparado al kiosco en reclamo de esa letra que los propulsores de ese espacio mediático se quieren apropiar.
Nota a Ferrán Adriá (el mejor cocinero del mundo, un tipo sumamente interesante). Análisis del comer. Todo por la módica suma de $1. Todas viles mentiras que en el interior no se concretarían, con un reportaje paupérrimo, una nota superficial como sólo ellos saben escribirla.
Sí. Volví a comprarla.
Yo ya he podido controlar la inyección consumista que comienza su carrera a la altura del pulmón y asciende de forma acelerada hasta estacionarse en la parte posterior izquierda del cerebro para controlar el movimiento de la mano derecha desde la cintura hasta el bolsillo posterior del pantalón para tomar la billetera y comprar la Revista Noticias porque su tapa "tienta". No lo hago más. A menos que sea yo el que esté en la tapa, nunca más volveré a comprar esa mentira. Pero no basta con controlar UN intercambio comercial. No.
Como decía, me había prometido no volver a adquirirlo. Pero el título kantiano sobre un tema al cual soy adicto (la comida) pudo más. Además, hacían ya muchos meses que no tranzaba con ellos y, a pesar de conocer la mediocridad (son mediocres sobre todo porque con el poder de presión y económico que tienen bien podrían hacer un producto interesante), me mentí: "Tal vez mejoraron en este tiempo". Obvio que no. Pero uno se miente para luego echarle la culpa al "uno" del hombro derecho y recriminarle viste, te dije que no iban a cambiar.
Y fui disparado al kiosco en reclamo de esa letra que los propulsores de ese espacio mediático se quieren apropiar.
Nota a Ferrán Adriá (el mejor cocinero del mundo, un tipo sumamente interesante). Análisis del comer. Todo por la módica suma de $1. Todas viles mentiras que en el interior no se concretarían, con un reportaje paupérrimo, una nota superficial como sólo ellos saben escribirla.
Sí. Volví a comprarla.
