11.12.07

Un poco de amor francés

Los rockeros franceses de Phoenix despidieron Buenos Aires con un show reducido en La Trastienda. La banda liderada por Thomas Mars -cada vez menos famoso por su relación sentimental con Sofia Coppola y más por sus logros musicales- dio un recital que, en una época de rankings, seguramente disputará algún lugar en el top 10 de los conciertos de 2007.
Tal vez el mayor logro de Phoenix es pretender sólo que el público la pase bien, y dejar la conciencia social a los grandes pensadores (evitando caer así en la demagogia pop tan impulsada por el nada creible Bono Vox). Un ejemplo de esto se dio justamente en La Trastienda: delante del escenario había un espacio vacío e inmediatamente después unas mesas con sillas, que eran las localidades más caras. Detrás de las mesas estaban los espectadores que habían sacado la entrada más barata -aunque su precio de $80 me impide escribir "económica"- y que disfrutarían de las canciones parados. Pero apenas salió a escena el conjunto, fue el mismo Thomas Mars el que reclamó mayor espacio entre el escenario y las mesas, para que quienes quisieran pudieran saltar y bailar allí. Inmediatamente todos fueron hacia el borde del escenario, para lamento de los que habían pagado más de $100 por su butaca.
El conjunto francés propone un sonido muy actual, mezcla de Arctic Monkeys, The Cooks y The Strokes, algo así como un retro rock de baladas y canciones de amor. Pensada desde el inicio como una banda para el mercado internacional tanto desde el look como desde las letras-por más merci que digan, cantan en inglés- logran cautivar por la energía que dejan en el escenario.
Phoenix visitó por primera vez la Argentina para participar del accidentado Personal Fest, y por suerte se pudieron sacar las ganas de dar un íntegramente pensado para y por la banda, con un sonido muy cuidado (propio del lugar). Los jovensísimos músicos se mostraron sorprendidos al ver que los sudacas conocían las letras de sus canciones y aseguraron volver. Ojalá que lo hagan.