28.2.08

Alta en el cielo

Tardé en leerlo; tuvo que insistirme un amigo, con la excusa (que no se porqué a veces funciona) "lo terminás en dos días y no te vas a arrepentir". Y fue cierto -como suelen ser las afirmaciones sustentadas por ese endeble argumento-.
Hacía mucho tiempo que no encontraba en la "nueva literatura" un texto tan genial como Las Primas, el irónico Premio a la Nueva Novela 2007 de Página 12, entregado a Aurora Venturini.
La historia, ambientada en la ciudad de La Plata de los años '40, la cuenta en primera persona Yuna, quien sufre un leve retraso mental que intentará superar de manera autodidacta (con diccionarios y libros de estudio) al tiempo que va contando su niñez y adolescencia rodeada, entre otros personajes, de: una hermana con un severo retraso ("la mentalidad de un chico de 4 años"); una madre indiferente; una severísima, ignorante y conservadora tía Nené; un camaleónico profesor de pintura; y una misteriosa prima, la más interesante actriz del repertorio familiar, la liliputiense Petra.
Yuna es una pintora que expresa sus sentimientos y una historia paralela en sus cartones y telas, y a medida que su habilidad como artista crece, también lo hace el interés del mercado por sus cuadros. Así, Las Primas es también una historia sobre el ascenso social mediante las actividades culturales, más allá de las capacidades sociales (Yuna primero se autodenomina "incapaz de hablar con la gente", por temor a ser rechazada por ser "anormal").
Una narrativa novedosa, que atrapa al lector de principio a fin, y que obliga a todo aquel que lo termina (que estoy seguro que es el mismo número de personas que lo empieza) a comentarlo, recomendarlo y obligar a sus conocidos a que lo lean.
Las Primas es un elogio a la creatividad, nacido de la pluma de una mujer que podría ser bisabuela de cualquiera. Ah, ¿no lo mencioné?, Aurora tiene 85 años.

23.2.08

Algo distinto

El nombre original tiene el condimento bíblico adecuado para la historia que se propone contar la película. There will be blood es un título que le calza justo. Nada que ver con su castellanización Petróleo Sangriento. Igualmente no pienso aburrir al cuestionar las famélicas traducciones en los nombres de los filmes.
Más allá de ese fallido, la nueva película de Paul Thomas Anderson es sobre todo eso: novedosa. Ya el simple hecho de contar con uno de los actores más geniales de nuestra generación como lo es Daniel Day-Lewis (háganse un favor y vean My left foot), me llevó a la sala. Pero ahí me encontré con que el director le dio un giro al concepto "audiovisual": a lo largo de las 2 horas y media de film existe una tensión generada desde el matrimonio entre el sonido y las tomas.
Está claro que Day-Lewis se lleva la película como un ambicioso empresario del petróleo, aunque también es necesario destacar el petrificante trabajo del joven Paul Dano (el mismo "semi mudo" de Little Miss Sunshine) como predicador de la Iglesia de la Tercera Revelación.
No vale la pena contar mucho más.
Las ocho nominaciones al Oscar (que se definen hoy y que en todo caso sirven para promoción de los estudios cinematográficos) se suman a los más de treinta galardones que la película ha recibido pero, como siempre sucede con los premios, poco importa lo que opinen los críticos.
There will be blood merece ser vista; es tan buena que sobrevive a su horroroso título en español.