Cuando era joven, Hank Spoonfield era actor. Siempre creyó en el destino, y sobre todo en no faltarle el respeto a las supersticiones. "Creer que no hay fuerzas más poderosas que nosotros que nos influencian es una pedantería en la que prefiero no caer", sostenía.
Un joven director de cine italoamericano lo había convocado para un personaje fronterizo. El sueldo era magro, pero tanto los inversores como el equipo de producción confiaban ciegamente en el guión y auguraban un éxito moderado. En una escena, el personaje de Hank debía realizar un monólogo frente a un espejo y después romperlo.
Hank rechazó protagonizar
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