Los saludos
Ensayo leído en la décima edición de Ensayos en Vivo, el 07-08-08, en el Centro Cultural Pachamama
1. -Gestos- Hey!, Hola, Buenas Noches, ¿Cómo andan?, ¿Cómo les va?, ¿Todo bien?... en fin, podría seguir. Porque los saludos son sólo eso: formas de romper el hielo pero que no están designadas. Sí, lo confieso: creo que soy un fascista del saludo.
Los saludos son hoy construcciones vacías, crueles, que atentan contra la profundidad del idioma. Los saludos hacen que nuestro habla se vaya pervirtiendo, se destruya de a poco... Cuando uno pregunta ¿Cómo estás? no quiere saber realmente cómo está el otro, es sólo una convención. Yo aseguré "Buenas Noches": nadie se interpuso. ¿Para todos es buena la noche? ¿Todas las noches son buenas? Es cierto, hay veces en las que uno realmente quiere saludar al otro con afecto, pero son prácticamente contadas: Los saludos son tal vez el ejemplo de cómo hemos evolucionado hacia una sociedad cada vez más superficial.
2. Como decía, el saludo es algo prácticamente actoral: el mejor ejemplo lo tenemos en que hay saludos adecuados y saludos inadecuados según la situación. Supongamos un velorio: por más que uno se encuentre con un amigo querido, no va y se abraza para expresar cariño. Nos quedamos en el gesto. (Gesto). Y por el otro lado, nunca es solemne la actitud en un boliche: hay abrazos, gritos, y demás etcéteras, por más que uno no sea realmente amigo del otro.
Esto reafirma lo que digo: si aceptáramos la sinceridad del saludo, a nadie le molestaría un abrazo efusivo en el cementerio. Pero, como dije, el saludo es por lo general algo puramente externo.
3. Una cuestión interesante es la relación corporal con los saludos. En el pasado, cada modo de saludar se correspondía con el rango de la otra persona. Prácticamente además no había tacto entre los sexos opuestos. La mujer se tomaba de la falda y el hombre agachaba la cabeza. Luego pasó el famoso besador de manos, para luego el actual, el mejor ejemplo de la hipocresía.
Y déjenme graficarlo: dos personas que se conocen se encuentran, se acercan para saludarse, y sucede lo siguiente: hay un choque de cachetes en el que, el que menos paciencia tiene, hace el siguiente ruido: mtzua!. ¿Qué es eso? Será cualquier cosa menos un beso.
Acá debo hacer una aclaración: la única que realmente apoya sus labios en mi cachete y me saluda con un beso real, con sentimiento, es mi abuela.
4. Hay que recordar que los saludos son de "entrada y de salida": en las despedidas también hay saludos. El peor paso para la destrucción de las relaciones humanas por los saludos, creo yo, lo dio el avance tecnológico.
Sigamos con la evolución: del abrazo real, sentido, pasamos al abrazo ficticio en cualquier lado, como los boliches, para luego evolucionar en el abrazo virtual!: Firma del mail, abrazos, Martín. Pero eso no es todo, con los mensajes de texto nos hemos degradado aun más: ya ni siquiera son abrazos, son abz!
5. Y en la tecnología vemos los problemas cuando, en medio de la vorágine del siglo XXI, llevamos el mail a la vida diaria. Y yo sé que a más de uno le pasó lo que voy a contar:
Tenemos a la persona delante de nosotros y, al despedirnos, le decimos, "chau, un beso". Dale el beso, por el amor de dios!
6. Como decía antes, creo que soy un fascista de los saludos. Lo que pasa es que los hombres no saben elegir ante la libertad: hay tantas opciones para saludarnos que esa sensación única que debería ser un beso o un abrazo, una lágrima de despedida, todo se pervirtió.
Hay padres que lloran cuando sus hijos se van de campamento, ¿qué van a hacer cuando se mueran?
Por eso propongo una solución que eche un poco de luz: probemos con una tablita. Tendríamos, por ejemplo: para amigos sinceros, en reunión social, abrazo. Para conocidos en boliche, dar la mano. Para el odioso que no podemos sacarnos de encima, cabezazo.
7. Obviamente se permitirían excepciones, pero en realidad lo que hay que buscar es realzar el valor de un beso, de un abrazo... en el fondo soy un romántico. Espero que me acompañen en la idea, y sino, bueno... igual nos vemos, hablamos, la seguimos, abrazos, besos, chau.
1. -Gestos- Hey!, Hola, Buenas Noches, ¿Cómo andan?, ¿Cómo les va?, ¿Todo bien?... en fin, podría seguir. Porque los saludos son sólo eso: formas de romper el hielo pero que no están designadas. Sí, lo confieso: creo que soy un fascista del saludo.
Los saludos son hoy construcciones vacías, crueles, que atentan contra la profundidad del idioma. Los saludos hacen que nuestro habla se vaya pervirtiendo, se destruya de a poco... Cuando uno pregunta ¿Cómo estás? no quiere saber realmente cómo está el otro, es sólo una convención. Yo aseguré "Buenas Noches": nadie se interpuso. ¿Para todos es buena la noche? ¿Todas las noches son buenas? Es cierto, hay veces en las que uno realmente quiere saludar al otro con afecto, pero son prácticamente contadas: Los saludos son tal vez el ejemplo de cómo hemos evolucionado hacia una sociedad cada vez más superficial.
2. Como decía, el saludo es algo prácticamente actoral: el mejor ejemplo lo tenemos en que hay saludos adecuados y saludos inadecuados según la situación. Supongamos un velorio: por más que uno se encuentre con un amigo querido, no va y se abraza para expresar cariño. Nos quedamos en el gesto. (Gesto). Y por el otro lado, nunca es solemne la actitud en un boliche: hay abrazos, gritos, y demás etcéteras, por más que uno no sea realmente amigo del otro.
Esto reafirma lo que digo: si aceptáramos la sinceridad del saludo, a nadie le molestaría un abrazo efusivo en el cementerio. Pero, como dije, el saludo es por lo general algo puramente externo.
3. Una cuestión interesante es la relación corporal con los saludos. En el pasado, cada modo de saludar se correspondía con el rango de la otra persona. Prácticamente además no había tacto entre los sexos opuestos. La mujer se tomaba de la falda y el hombre agachaba la cabeza. Luego pasó el famoso besador de manos, para luego el actual, el mejor ejemplo de la hipocresía.
Y déjenme graficarlo: dos personas que se conocen se encuentran, se acercan para saludarse, y sucede lo siguiente: hay un choque de cachetes en el que, el que menos paciencia tiene, hace el siguiente ruido: mtzua!. ¿Qué es eso? Será cualquier cosa menos un beso.
Acá debo hacer una aclaración: la única que realmente apoya sus labios en mi cachete y me saluda con un beso real, con sentimiento, es mi abuela.
4. Hay que recordar que los saludos son de "entrada y de salida": en las despedidas también hay saludos. El peor paso para la destrucción de las relaciones humanas por los saludos, creo yo, lo dio el avance tecnológico.
Sigamos con la evolución: del abrazo real, sentido, pasamos al abrazo ficticio en cualquier lado, como los boliches, para luego evolucionar en el abrazo virtual!: Firma del mail, abrazos, Martín. Pero eso no es todo, con los mensajes de texto nos hemos degradado aun más: ya ni siquiera son abrazos, son abz!
5. Y en la tecnología vemos los problemas cuando, en medio de la vorágine del siglo XXI, llevamos el mail a la vida diaria. Y yo sé que a más de uno le pasó lo que voy a contar:
Tenemos a la persona delante de nosotros y, al despedirnos, le decimos, "chau, un beso". Dale el beso, por el amor de dios!
6. Como decía antes, creo que soy un fascista de los saludos. Lo que pasa es que los hombres no saben elegir ante la libertad: hay tantas opciones para saludarnos que esa sensación única que debería ser un beso o un abrazo, una lágrima de despedida, todo se pervirtió.
Hay padres que lloran cuando sus hijos se van de campamento, ¿qué van a hacer cuando se mueran?
Por eso propongo una solución que eche un poco de luz: probemos con una tablita. Tendríamos, por ejemplo: para amigos sinceros, en reunión social, abrazo. Para conocidos en boliche, dar la mano. Para el odioso que no podemos sacarnos de encima, cabezazo.
7. Obviamente se permitirían excepciones, pero en realidad lo que hay que buscar es realzar el valor de un beso, de un abrazo... en el fondo soy un romántico. Espero que me acompañen en la idea, y sino, bueno... igual nos vemos, hablamos, la seguimos, abrazos, besos, chau.

2 Comments:
Una pena considerar como necesario al estricto control de los cuerpos con el rigor de una tablita, y de sus encuentros y desencuentros afectivos, en todo su abanico de posibilidades.
(Igual se entendió su intento romántico, eh.)
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Se dice que a las chicas no nos pasa tanto, por suerte. Nosotras somos más toquetonas y desenvueltas.
Anhelaría que una cosa así funcione como motorcito a alcanzar por todxs, trascendiendo los géneros.
jeje, es cierto: La tablita puede sonar excesiva, pero lo que intento en los ensayos es inventar la hipótesis que dispare soluciones alternativas!
saludos
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